Cuando uno se siente perdido, ya saben, como aquellas veces que no sabes para dónde dar el paso, es más, ni siquiera sabes si hay siguiente paso, es cuando nos entra la incertidumbre y dudamos del día siguiente y de nuestras capacidades de tomar buenas decisiones; ¡Ájale! pero no es del diablo no saber hacía donde va el camino.
Creo que aveces tenemos el derecho de rompernos, de quebranos a nosotros mismos, de sentir un segundito lo frío del piso pero no de la derrota.
Creo que debemos aprender a ceder con nosotros mismo y ser benevolentes a nuestras expectativas en el espejo de la razón. Saben es como cuando tienes que cuidar de tu niño interior, no me refiero a nuestra parte inmadura, sino a cuidar de nosotros mismos; quizá sea mala analogía pero creo que cuando nos damos cuenta que somos adultos es cuando debemos saber y cuidar de aquella personita que tanto queremos, "me amo", algo así como un amor "maternal", quizá está exagerado el sustantivo pero creo que va por ahí. Trataré de explicarme mejor: cuando uno era niño nuestras mamás nos cuidaban, nos consentían, nos educaban, nos reprendían y todo con un sustento muy grande, el amor.Pero qué pasaba cuando uno no se quería levantar a la escuela?, la mamá nos obligaba y nos decía que además teníamos que hacer la cama, lavarnos los dientes y bolear los zapatos. Ahora, nosotros debemos hacer lo mismo con nuestro niño interior, debemos enseñarle a levantarse temprano porque tiene responsabilidades, a tender la cama, a que aprenda a ser autosuficiente. Al mismo tiempo, también tenemos que ser amables y si un día le duele la cabeza darle chance de relajarse, de quedarse toda la tarde en cama, debemos procurarlo, procurarnos, hacernos fuertes y responsables, con educación, amor y certeza.
Y eso aplicarlo a nuestra vida diaria, a dejarnos aprender de la vida, del mundo, tomar experiencias pero con precaución. Hay que cuidar de nosotros mismos.
Sin pretenciones, simplemente dejaré salir lo que emana del fondo de mi mente y emoción.
jueves, 18 de febrero de 2010
lunes, 8 de febrero de 2010
Puerta Centro
Un frío viernes por la noche donde los peatones pareciera que van saliendo de las alcantarillas pero en realidad salen del metro, de los estacionamientos y otros cuantos es imposible saber, quizá si de las alcantarillas. Llegando a la calle Regina y esquina con Bolivar un espacio se abre con un jardín a espaldas a una gran capilla, supongo que es la de San Jerónimo, un lugar recuperado, peatonal, iluminado, arquitectónicamente correcto; éste lugar dialoga con el peaton, lo invita y le "habla bonito".
Poco a poco te vas dando cuenta que es un lugar donde amazonas que calzan converse, dandys en jeans y algún sombrero gracioso se disponen a beber algunas cervezas y porque no?, si andan de humor unas copas de vino tinto, mezcal, café,jugo ó lo que el antojo de la noche permita.
Las características cualitativas de ésta espacialidad surge a través de una adaptación a las necesidades actuales, al peaton como prioridad y no como estorbo, al caminar sin torpesar, sin romper, el contraste de la rigidez del concreto, de la piedra, de las marquesinas con la suavidad del cuerpo humano, el color y su textura.
Que placer causa ir caminando en sábado por la noche junto a uno de tus mejores amigos, con jeans mugrosos, tennis rotos, un saco viejo pero con un aire decente todavía y tener los instantes perfectos para deternete, señalar algún elemento arquitectónico, paisajistico ó a algún humano que atravesó; todo ésto con la serenidad que se requiere, sin la prisa de tener un taxi, antes ecológico, cuidandote las nalgas.
Elige un lugar, un antojo ó quizá hasta un precio en los lugares abiertos, puedes comer platillos del mar ó unos tacos con el "takeshi", unas ricas empanadas argentinas con un buen pinot noir ó saborear aquellas extraordinarias naranjas ácidas con un buen mezcal. La noche es joven, déjala crecer.
Poco a poco te vas dando cuenta que es un lugar donde amazonas que calzan converse, dandys en jeans y algún sombrero gracioso se disponen a beber algunas cervezas y porque no?, si andan de humor unas copas de vino tinto, mezcal, café,jugo ó lo que el antojo de la noche permita.
Las características cualitativas de ésta espacialidad surge a través de una adaptación a las necesidades actuales, al peaton como prioridad y no como estorbo, al caminar sin torpesar, sin romper, el contraste de la rigidez del concreto, de la piedra, de las marquesinas con la suavidad del cuerpo humano, el color y su textura.
Que placer causa ir caminando en sábado por la noche junto a uno de tus mejores amigos, con jeans mugrosos, tennis rotos, un saco viejo pero con un aire decente todavía y tener los instantes perfectos para deternete, señalar algún elemento arquitectónico, paisajistico ó a algún humano que atravesó; todo ésto con la serenidad que se requiere, sin la prisa de tener un taxi, antes ecológico, cuidandote las nalgas.
Elige un lugar, un antojo ó quizá hasta un precio en los lugares abiertos, puedes comer platillos del mar ó unos tacos con el "takeshi", unas ricas empanadas argentinas con un buen pinot noir ó saborear aquellas extraordinarias naranjas ácidas con un buen mezcal. La noche es joven, déjala crecer.
lunes, 1 de febrero de 2010
Ciudad que dobla pero no revienta
Miércoles por la tarde, ciudad de México, la idea anticuada y serena de llegar a casa a preparar algo y descansar se va por la ventanilla cuando te quedas atorado en el tráfico, quizá esa misma idea queda sorda del estruendoso pito del camión contiguo, ya no decir de la actitud de "si no avientas lámina no pasas", pero creo que es al revés, "te pasas". Neurosis colectiva, mentadas de madre y además "te vale". Ese es el síntoma de una ciudad crecida.
Y al final así lo hemos decidido y somos parte.
Y al final así lo hemos decidido y somos parte.
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