Generalmente utilizamos muchos eufemismos para nombrar el caos que sugiere la ciudad como tal la conocemos; la entropía visual y auditiva que genera una tendencia al desorden, a la barbarie humana con problemas estrictos fundamentalmente de régimen urbanistico y social; ellos son a los que tratamos de discimular y rodear con adjetivos más sutiles que no nos avergonzarían tanto frente a nuestros propios espejos de la razón. Cuántas veces nos hemos agraviado de lo que vemos y hacemos a nuestro alrededor, culpables ó no de una situación generalmente de cultura cívica y otras de índoles sociales, arquitectónicas y urbanísticas pero íntimamente relacionadas entre sí.
Hoy en día tenemos la capacidad, como antes ya hemos probado, de discimular la agonía de una de las ciudad más grandes del mundo, aunque a veces no sabemos si demoler ó sobrellevarla. Simplemente hemos dejado morir varias veces a la ciudad para darle la oportunidd de volver a nacer. Deberíamos de ser verdaderos citadinos y no me refiero a los que viven aquí sino a los que saben como serlo.
Entender las necesidades de la ciudad quizá suene un poco paródico, de nuestra propia interpretacion de lo que entendemos y desciframos como ciudad y la opcion más próxima a nuestro alcance para ayudarla, no sólo para ser mejor, sino a una adaptación futura y desarrollo de su propio alrededor para así saber no solamente de dónde proviene ésta ciudad sino poder decir hacia dónde vamos con ella.
Quizá suena más a queja que a reflexión pero debemos empezara comportarnos urbanos.
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