A todos nos ha pasado la idea de perpetuidad después de la muerte; nuestra trascendencia en el mundo a partir de un legado o una pequeña aportación. Personalmente la idea de la trascendencia por este mundo a partir de la reproducción humana y la continuidad de la especie me parece muy retrograda, particularmente habiendo una ilimitada cantidad de posibilidades de mejorar este mundo.
Luis Barragán lo hizo innegablemente, después de su muerte sigue siendo un referente y por mucho, también, el mejor arquitecto que ha tenido este país.
La arquitectura de Luis Barragán es trascendental desde vértices y caminos muy diversos.
Podemos tomarlo como referencia de la arquitectura contemporánea mundial.
Kenneth Frampton lo describió como el máximo exponente del regionalismo crítico. Tadao Ando dijo que Barragán fue un minimalista consagrado. Jill Magid pensó que era una obra de arte.
Hace unas semanas se expone en el MUAC una pieza bastante peculiar. Jill Magid tomó parte de las cenizas de la urna de Luis Barragán desde las misma rotonda de Jaliciences ilustres y por medio de procesos industriales las convirtió en un diamante, al final, carbono somos y en carbono nos convertiremos.
La historia es rara: un magnate suizo compró en 1995 el archivo profesional de Luis Barragán que incluye los derechos de su nombre y de su obra que a su vez regaló a su prometida italiana, en ese entonces, Federica Zanco. Es decir, los derechos intelectuales del maximo exponente de la arquitectura mexicana están guardado en una bodegas muy lujosas en Suiza.
Todo esto significa que nada del trabajo profesional de Luis Barragán puede ser reproducido, impreso, expuesto y casi mencionado sin la autorización de la arquitecta italiana. Suena un poco radical y a su vez cómico.
Esta situación le pareció fascinante a Gill Magil, artista estadounidense que se ha atrevido a desafiar las instituciones con su propuesta artistica. Magil pensó que sería buena idea hacer un intercambio.
Un anillo de compromiso con un diamante ni mas ni menos hecho con las cenizas del acaesido arquitecto por el acervo intelectual que posee Zanco en Suiza. En su "propuesta" expuesta en el MUAC, Magil escribe una carta a Zanco y le propone el intercambio.
Para todo esto, ya hay una revolución sobre la postura de la artista con respecto a la inhumación de los restos de Barragán, del atrevimiento de abrir la urna y sacar parte de las cenizas, de molestar al muerto en su descanso eterno, de la postura moral que esto expone de ella. ¿Cuándo se cuestionará a a la artista desde su propuesta estética?, ¿El arte se puede dar el lujo de la inumación a partir de fines estéticos? ¿Quién es ella, y que autoridad, para proponer un intercambio de ese tipo?
Al final, lo que Magil no recuerda es que fue una transacción financiera por una obra, intelectual pero comercializado como un producto. Zanco es la menos culpable de la situación. Además, no le veo ningún inconveniente moral, ni artístico. Supongo que quien vendió los derechos de Barragán como una obra más de él no deben tener ningún inconveniente.
Y todo lo anterior termina para mi en algo: Luis Barragán no es su obra ni los derechos de ella. Todos podemos tener acceso al maravilloso legado que dejó el arquitecto Jaliciense pero donde me pareció que Magil irrumpió y trasgredió fue en los restos de Barragán,, porque al final del día Barragán vendía sus obras como eso, como obras pero lo único que no había comercializado era lo único de lo que somos dueños, nuestro cuerpo, esa parte privada, la persona, el humano. Ahí es donde se cometió una atrosidad en nombre del arte contemporáneo.
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