domingo, 30 de octubre de 2011

Aprender a decir "hola"...

A unos días de la celebración de día de muertos en México me he puesto no solamente a pensar sino a sentir, a valorar, decifrar y entender lo que esto me quiere decir e interpreto a mi total conveniencia a partir de este año.

Las personas mueren cuando el cuerpo tiene un daño irreparable y la analogía que me funciona es pensar que es como cuando un gusanito fabrica la crisalida (en lugar de cuerpo) y de pronto ya no le funciona el saco, la protección y necesita dejar esa crisalida para poder extenderse y volar. Así nuestros seres vuelan y se unen a algo perfecto, llámese como cada quien quiera decirle.

A veces uno piensa que por bienestar emocional y mental uno debería despedirse de la persona, saber decir adiós, casi siempre, con lágrimas incontenibles, un vacío inmenso y la tristeza que duele como una tortura a sangre fría, tan fría que cruje si te mueves.

El día de muertos en México es un comportamiento colectivo muy prostituido pero regente en nuestras casas. Mi mamá me enseñó a poner un altar a nuestros muertos, a tener espiritualidad y fe como alimento del alma, a no olvidar y hacer que vivan en nuestro recuerdo; así es como mis hermanos y yo sabemos recordar en tiempo y forma a nuestros difuntos y ahora a nuestros ángeles.
Estos días conmemoran la visita de nuestros familiares y amigos difuntos a nuestra casa, abrimos las puertas de la casa, somos hospitalarios y de forma material con regalos, ofrendas, comida, alcohol, imagenes, oraciones y demás formas y figuras les decimos que los recordamos.

Este año mi mamá dejó su crisalida, abrió sus alas, se extendió y voló. Hoy decido creer que nuestros difuntos y nuestros ángeles viven a través de su legado, de las personas a las que tocaron, del amor que dejaron esparcido en esta dimensión, en sus palabras escritas, en los árboles que plantaron, en nuestro recuerdo y nuestro corazón. Este día de muertos celebraré la llegada de todas esas mariposas que vuelan a nuestro alrededor, ahora más que nunca quiero sentir el aleteo de esa mariposa hermosa y tibia que este año emprendió el vuelo. A través de espiritualidad convertida en celebración aprendo a decirles "hola" para ya no tener frío y saber que el aleteo de sus delicadas alas de mariposa están por aquí también diciendonos "hola".

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