Sin pretenciones, simplemente dejaré salir lo que emana del fondo de mi mente y emoción.
jueves, 24 de enero de 2013
Carmen
Por fin las manecillas daban en punto de las 6:30 pm y Carmen podía empezar a cerrar su día laboral como todos los que en la oficina se regaban acelerados y urgidos por la hora de partir, parecieran pollos afuera del corral.
Carmen en cuestion de unos minutos, de forma discreta por supuesto, guarda en los cajones del escritorio algunas plumas y lápices, unos marcatextos encima de la revista de chismes que compró el lunes pasado, le regresa a Miranda, su compañera, el catálogo de productos de belleza para pagar en quincenas, guarda los archivos de excell y lleva su taza con café frío y muy endulzado a la cocineta, toma un par de galletas, las últimas del día y mientras camina de vuelta a su escritorio las devora como si también las galletas llevaran prisa por ser masticadas. La última sacudida con la palma de la mano al escritorio y toma su enorme bolsa para empezar a despedirse de sus compañeros.
-¡Nos vemos mañana, bye!- decía Carmen mientras hacía la señal de adiós con la mano y junto con Lety, la chica de contabilidad, salía de la oficina al vestíbulo del elevador para esperar su turno y poder bajar.
Todavía seguía en el vestíbulo del elevador cuando recordó el asunto pendiente que tenía para mañana muy temprano, tenía que tener listo un encargo que su jefe le había pedido desde el medio día y que si no se hubiera tomado esos valiosos minutos de conversaciones absurdas en el baño después de la hora de comida seguramente lo hubiera tenido listo para el momento en el que se encontraba.
Recordó y después de sentirse culpable de no tenerlo listo prefirió regresarse a su escritorio y terminarlo al instante; parecía Carmen como un salmón, nadando contra la corriente de gente que le urgía salir, todos hacía afuera y ella en sentido contrario. Un informe de ventas que había resultado inexacto, necesitaba hacer unos ajustes y unas modificaciones menores en algunos datos; considerando que era un asunto rápido prefirió apurarse y resolverlo.
Pasaron 45 minutos desde que se volvió a sentar y encender su computadora pero para esto ya ninguno de sus compañeros estaban en el piso. Envió las 11 del informe a imprimir y 3 copias más. De prisa se levanta de su asiento y taconeando va atravezando el piso entero hasta llegar al lugar donde se encuentras las impresoras; ordena el primer juego de impresiones, las engrapa y de pronto, se escucha como cierran lentamente la puerta de la oficina. Carmen se queda en silencio, expectante y paciente de algún otro ruido, no pensó y siguió acomodando las hojas que iban saliendo de la impresora.
-¡Ay, por fin!- dijo Carmen cuando en seguida se escuchó el rechinar de una silla. Definitivamente había alguien sentado acompañando a Carmen.
Carmen prefirió no sentir miedo y muy eficientemente terminó de engrapar y preparar el informe y sus copias. Salió con precaución del cuarto de las impresoras, caminó despacio y vigilante. -¿Quién es?- preguntó y siguió caminando, al llegar a su lugar se dió cuenta que la silla de su compañera estaba en frente de su escritorio, como si la misma Carmen la hubiera puesto ahí esperando alguna visita y como no hubo ninguna respuesta a su pregunta volvió a hacerlo pero ahora más fuerte -¿Hay alquien aquí?- Su voz fuerte la hizo ponerse más nerviosa y decidió, con lo último que le quedaba de calma, dejar dentro de los cajones las carpetas con los reportes, le costó trabajo encontrar la llave de la cajonera y temblando pudo hacerlo. Volvió a tomar su bolsa, se incorporó y de pronto sintió algo, no lo podía ver pero lo sintió muy cerca, había algo ahí, no sabía si en su escritorio, en el pasillo, a lado de ella, se paralizó, no sabía que hacer hasta que inhaló profundo y por fin las piernas le respondieron, cuando empezó a dirigirse a la puerta fue cuando se dió cuenta que estaba en la silla de su compañera, la que había aparecido en frente de su escritorio, no supo si realmente vió algo pero se dió cuenta que ahí estaba.
Cuando llegó al vestíbulo del elevador apretó el boton hacía abajo y mientras esperaba al elevador escuchó la silla rechinar haciédole saber que seguía ahí.
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