Sin pretenciones, simplemente dejaré salir lo que emana del fondo de mi mente y emoción.
jueves, 24 de enero de 2013
Que ya se muera Acapulco.
Hace unos años, en los 90 para ser exacto, solíamos venir muy seguido, supongo que era por su ubicación tan cercana al DF y por supuesto por su maravilloso clima. Todavía recuerdo que no había mucho por qué preocuparse y menos cuando eres un niño y estás con tus primos de vacaciones en Acapulco.
Por otro lado, poco a poco dejó de ser atractivo para nosotros, como si con cada centimetro que crecieras te olvidaras un poquito más de Acapulco.
Acapulco se convirtió, personalmente, en un punto muy lejano que año tras año íbamos olvidando.
De vacaciones preferíamos ir a Puerto Vallarta, Ixtapa Zihuatanejo, Oaxaca, hasta a Veracruz llegamos a pasar algunos días libres y sinceramente jamás nos acordamos del pueto de Agustín Lara.
Tengo una teoria, Creo que Acapulco en algún momento se polarizó, no se diversificó, solamente se ahorcó por sí mismo; para no hacer largo esto solamente diré: Acapulco se volvió muy caro ó muy barato, no había medios. Tengo la impresion que de pronto tenías que pagar grandes hoteles de cadenas internacionales ó te tenías que meter a un hotel piojoso (piojoso no es lo mismo que barato).
Acapulco se detuvo en los 50, luego despertó y se dio cuenta que eran los 70 pero cuando quiso hacer algo habían pasado 40 años y ya eran los 90, ya era su última oportunidad para despertar, llegó el año 2000 y a Acapulco la guerra contra el narco le dió el tiro en la cabeza. Acapulco murió en el 2010.
La gente dejó de recordar lo maravilloso de Acapulco porque en realidad dejó de ser maravilloso. La basura tirada en las calles, las inundaciones en plena avenida costera, los camiones de transporte llenandote de humo y poniendo tu vida en riesgo por sus excesos, el abandono del centro, de las casas, de la infraestructura y la migración de hoteles, negocios y turistas a la zona diamante.
Después de estar varios meses en Acapulco me doy cuenta que hay un encanto escondido en todo esto. Las mismas calles y su gente, los hoteles que siguen de pie, tan antiguos pero con el recuerdo de lo que fueron y que además es lo que los mantiene de pie todavía.
Fachadas cincuenteras y melancólicas, celosías, muchas celosías. Patios mugrosos y su gente caminando por la calle, la misma gente que te platica sobre aquellos años dorados de Acapulco. La señora de la papelería que fue mesera en Sanborns y recordaba cuando llegaban los cruseros llenos de turistas y dejaban propinas en dolares. Mi vista pareciera que no se podía desprender de su relato, supongo que mi boca estaba abierta con todo lo que me contaba y ella me hizo ver con sus anécdotas y su lucidez que en Acapulco se vivía bien. Hoy tanto ella como yo sólo nos maravillamos de lo que fue. El Acapulco de oro.
Podría seguir diciendo lo que es Acapulco y lo que ha perdido pero me corresponde decir que Acapulco está despertando. Su gente, los inversionistas, el turismo, los chilangos queremos volver a tener ese puerto tan cerca del DF.
Hay proyectos de modernización de transporte público, la remodelación de La Costera, infinitos proyectos de vivienda, hoteles, turismo, infraestructura y equipamiento.
Acapulco estará conectado con carreteras y túneles, podrás moverte en un tranporte público eficiente, caminaremos por un paseo turístico lleno de lugares decentes y seguros.
Como siempre he dicho: Acapulco necesitaba morir para poderlo rescatar.
Vengan a Acapulco que pronto vendrá lo mejor del puerto.
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