De las últimas veces que nos vimos para tomar un café y para ponernos al día de nuestros días, de esas veces que ya sonríes por compromiso y sabes que las anécdotas ya no son suficientes para querer seguir ahí, que es más largo lo que falta por recorrer que todas nuestras memorias juntos. Casi dos años habían pasado desde aquel concierto donde él bailaba a contraluz mientras yo le tomaba fotos y hacía lucir el movimiento de su cabello como si estuviera en cámara lenta.
Comimos en un café de la colonia Cuauhtémoc, un risotto regular y una ensalada con queso azul para mí. La baguette que pidió se veía deliciosa o por lo menos se la comió en segundos, siempre le decía que comía como pato, sin masticar y solo tragarndo la comida.
Lo recuerdo con mucha nostalgia y con mucho cariño te hacen dudar; pero sé que es como aquella analogía del alpinista que derrapó por la ladera de la montaña y que no terminó de caer porque estaba sujeto a una cuerda pero al aferrarse demasiado a esa cuerda olvidó que en algún momento tenía que soltarla, prefirió morir congelado que dejarse ir, no sabía que la cuerda lo sostuvo a un par de metros de suelo firme. A veces las cosas o las personas que nos rescataron en algún momento de nuestra vida, como la vida dice, hoy hay que soltarlas para poder seguir. Así fue, una gran amigo al que extrañaré y quién fue mi cuerda de salvación pero hoy debo seguir.
Lo último que recuerdo de esa comida es una negatividad profunda casi abismal. Necedad y torpeza, egoísmo puro, tristeza y soledad en sus palabras:
"Habemos personas que no recordamos los madrazos hasta que vemos los moretones, si es que los logras recordar. Así son algunas relaciones en esta época. Somo seres amables, sociales, pacientes y buena onda por "naturaleza". ¡Exacto! Esa naturaleza que quedó enterrada bajo esta ciudad y que no coincide con nuestros tiempos ni horarios, no tiene un lugar en la agenda y se disuelve entre la prisa y repetimos el puto mantra "es que no tengo tiempo.
Buscamos aquello que pensamos nos hará felices y por eso nos esforzamos y sacrificamos, rompemos y a veces nos traicionamos a nosotros mismos para llegar a esa felicidad. En ocasiones confundidos y otras con toda intención nos relacionamos con personas que no deberíamos y tenemos trabajos que nos cagan pero que pagan cuentas y reímos de cosas que no nos deberían de importar, tenemos actividades que llenan nuestro tiempo pero no a nosotros porque pensamos que eso es lo que nos hace falta para estar un poquito más cerca de la felicidad, ¡tan anhelada esa puta felicidad!.
Hacemos pilates para el cuerpo en forma, comida orgánica para la salud, adoptamos un perro por ayudar y una bicicleta porque nos importa el ambiente, leemos a Murakami porque está de moda, preparamos agua de jamaica con jengibre porque está chido, hacemos yoga para alinear nuestra mente, alma y cuerpo, aunque tengamos medio quebrado el ímpetu. Intentamos mil veces ser vegetarianos pero......,¡ya saben!: también fumamos para sobrellevar nuestra ansiedad, bebemos mezcal con limón (sin sal) porque es para todo bien y para todo mal también, nos chingamos unas papas con valentina mientras vemos la tele, se nos pasa la vacuna del perro y a veces nos caga sacarlo, decimos palabras como "equidad" e "incluyente" pero de pinches nacos no bajo a todos los del metrobús. Buscamos el amor en "Tinder" justificando que solo queremos conocer gente pero en realidad no sabemos llevar una relación...... Así somos, ¿o no?."
De pronto sus palabras me dejaron helado, no supe reconocer a la persona que estaba frente a mí y tampoco quice descubirlo. Al final nos despedimos con un gran abrazo y ambos supimos que la próxima vez que nos pudieramos encontrar sería por casualidad.
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