jueves, 5 de marzo de 2015

Disculpe mi francés

¡Qué hijo de puta!

La verdad es que prefiero un poco de liberación a diario y no ahogarme todos los días en mis propias concentraciones estrés.
El otro día escuché a una persona decir que la gente que dice groserías es más feliz.
¿Neta?. No lo sé, no entiendo como comparar mi felicidad con la de los demás, pero de algo si estoy seguro:
Decir groserías no te define pero si creo que es algo que dice mucho de tu estructura. Mi madre solía decirme con cara rígida "por lo menos no las digas en la mesa".  No estoy orgulloso pero tampoco me arrepiento y es que un "no mames, cabrón" puede explicar de forma denotativa y simple el mensaje del discurso.

Es cierto, hay lugares donde y como decir las cosas, también hay espacios donde no caben bajo ninguna ascepción pero, sin querer justificar, también es de reconocer cuando sabes colocarlas.

Los argentinos se escandalizan cuando les dices "no mames", no sé, según yo la felación no debería ser tan escandalosa, pero eso sí, nos ruborizamos cuando putean a nuestra madre todo el tiempo "que hijo de puta" "sos un hijo de la gran puta". ¡Verga!, ¿Qué?, o sea.... Por eso, es necesario ponernos tantito de acuerdo o simplemente ser menos prosaicos.

A los pinches franceses no les puedes preguntar donde está algo porque te responden con su famoso "dans ton cul" (en tu culo). Insisto, ¿Qué? pero está divertido. El chiste de esto es no trasgredir o, efectivamente, pásarse mala onda.






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